Nivel inicial
La convocatoria sigue dando sus frutos, en esta ocasión un relato erótico de Lucrecia Thais, y siguen siendo las chicas las que toman la iniciativa.
Estoy llegando a la conclusión de que muchas mujeres siguen este blog, lo cual es muy reconfortante ya que ellas siempre tienen un punto de vista completamente diferente al nuestro y están dotadas de un tipo de sensibilidad que nosotros, los hombres no tenemos. Agradecemos a todas las mujeres que nos leen, (¿que seríamos sin ellas?), y a Lucrecia por acercarnos este texto. Que sea el primero de muchos.
Lo peor de dedicarse a la docencia es sin duda tener que soportar las reuniones de padres, no hay forma de conformar a 60 personas que ni siquiera se pueden poner de acuerdo en la educación de sus hijos pero que a la hora de reclamar parecen un coro de la sinfónica de Mónaco, parejitos, parejitos, Los Gomez decían que Mariquena llegaba siempre manchada, Los Estévez se quejan porque $2,00 por día para la merienda es mucho y a veces no tienen, sin embargo lo que si tienen es un Marlboro en la jeta sin parar, y así se sucedieron 30 pares de padres, de 30 criaturas chillonas y caprichosas de la salita verde de tres de nivel Inicial.
Inés había dejado los chicos en casa de su suegra, quien por supuesto puso 40 excusas para tratar de evitarlo, Gustavo quedó en pasar a buscarlos cuando viniera de viaje, claro que con Gustavo nunca se puede contar, el hace que está pero nunca llega a notarse su presencia.
Hace 18 años que Inés convive con el fantasma de Gustavo acompañado de la primera pollera que se cruza, y hace 18 años que Gustavo efectivamente se desespera ante la primera posibilidad de cagar a su mujer.
Inés tiene muy pocas cosas claras en la vida, pero hay una que es incuestionable, no se va a separar, tarde o temprano Gustavo se va a cansar de hacerse el Clooney y entonces ella va a estar ahí. No sabe si es amor y la verdad es que no le importa, Mati y Flor tienen el derecho a disfrutar de una familia y ella no es quien para quitarles eso, al fin y al cabo, nadie se salva de los cuernos ni de la muerte, eso rezaba su madre mientras secaba los platos y obviamente ese sería su rezo de aquí en más.
Encima de todos los quilombos que tenía a Claudia se le habían subido los humos de la dirección y había ordenado que la reunión fuera de noche, “así van todos los padres después de trabajar” claro que ella tuviera que volver a la casa a las 11 de la noche y cruzar ese puente de mierda era su problema, no tenía temores a la inseguridad porque policías en el puente sobran, a cambio de la custodia las chichis corren una promoción de petes gratis y hacen cola los patrulleros hay que ver, ni el Country de Rodrigues Zaens Escudero tiene la seguridad de las putas del puente. Pero eso de pasar por ahí todos los días y encima ahora después de las 10 y que todas le griten algo, le ponía los pelos de punta, pensar que las minas cobraban por Coger y ella casi tenía que pagar para poder hacerlo. Entre los pendejos del jardín, las reuniones, los nenes que ni a palos se duermen y Gustavo que se duerme demasiado rápido, no tiene una vida sexual muy activa que pueda decirse, cosa que no podría asegurar de su marido, a juzgar por los chupones del cuello con los que aparece más de una vez.
En fin no queda otra más que subir ese puto puente lo más rápido posible, quien carajo la manda a ponerse tacos si sabía que tenía que volver caminando, ni siquiera se preocupó por sacarse el guardapolvo cuadrillé, es mejor mantener la diferencia, a ver si logra un mínimo respeto de los gatos brillosos del puente.
-¿Cuanto morocha?
Inés se hace la desentendida, con la cantidad de putas que hay justo a ella la viene a interceptar este ganso, esta a punto de largar una puteada pero lo mejor es callarse, apretar el culo y caminar más rápido.
- ¿Sos difícil? Mira que tenés competencia eh? Dale tira una cifra y hacemos negocio.
Claudia, Berta, los Estévez, Gustavo y la reconcha de tu madre piensa Inés mientras se detiene ensayando una sonrisa, el tipo es un rubio de cuarenta y tantos, podría maquillarse en el capó del auto, Nora Jones susurra desde el stereo y el perfume importado puede sentirse a medio metro sin ninguna interferencia.
Inés se mira, tiene 15 kilos más que hace 10 años, las uñas comidas al ras, está cansada de dormir con una momia y soñar sola, le tiemblan las piernas como cuando el padre de Gustavo entró al baño sin permiso y ella estaba consumando una felatio con su primogénito.
-$250 - dice, casi sin darse cuenta,
-Epaaa te cotizas bien
-Sos dueño de elegir o comprobar si vale la pena (jura que el diablo le dicta esas palabras desde lo màs oscuro de su ser)
-Dale subí.
Abre la puerta torpemente y se sienta con la misma torpeza, no sabe qué se hace en esos casos, tampoco sabe que cuernos hace ahí, ¿será en el mismo puente o tendrá que elegir lugar?
El no pregunta, sonríe, apoya la mano en su pierna mientras conduce y juega con el ruedo del guardapolvo, entran al estacionamiento , no se acuerda de haber visto un telo por esa zona, pero el tipo seguramente la tiene clara, se le empiezan a cruzar ideas espantosas por la cabeza, que tal si es un psicópata, si la mata y la tira en una bolsa, qué va a decirle a Berta cuando llegue tan tarde, qué pasa si Gustavo hoy justo llega a tiempo y no la encuentra. Siente nauseas, el tipo se bajó del auto sin mediar palabra. Ahora puede escaparse, es fácil abre la puerta, se va y a otra cosa mariposa, demasiado vértigo por hoy.
-Me llamo Jorge ¿vos?
- Laura. Alcanza a titubear mientras el abre la puerta.
-¿Vamos?
- NO… mejor acá.-
Jorge abre los ojos en señal de asombro, sin dudas la propuesta era seductora pero no era un lugar de lo más cómodo o íntimo,
- ¿Segura?
- NO. Pero es lo más interesante.-
Inés se saca el guardapolvo, mientras él vuelve a ocupar el asiento de conductor. Sólo lo mira, el intenta besarla pero ella no está ahí para jugar a la nena de 15 que tranza en el FIAT Vivace del tío de Juan. Ella está ahí porque Gustavo le cagó la vida, porque los Estévez le rompen las pelotas, porque las estrías le muestran lo que no quiere ver, porque Claudia es una hija de puta que la obliga a cruzar el puente, y mientras piensa en esto masajea la pija dura de Jorge, abre la bragueta sin pedir permiso y lame sus huevos mientras lo mira, Jorge sonríe, y le acaricia el pelo, ella no busca caricias, se zambulle en la entrepierna de Jorge y hace que la cabeza le llegue a la garganta, disimula las arcadas, se le fue la mano así que esta vez es más suave, una y otra vez la lengua recorre la base de los huevos y llega hasta la punta del choto, -que nombres más molestos tiene el pene, incluso pene es un nombre sin gracia, poronga es más cool, que manera de pensar boludeces-
- Jorge se retuerce cada vez que ella aplica pequeños mordiscos, y susurra….
- despacio.
- A Inés nunca le gustó demasiado el sexo oral, será porque cada vez que estaba ahí, tenía tiempo de pensar en los lugares a donde Gustavo había llevado ese montón de carne. Pero acá no le importaba, no estaba para juzgar, estaba para coger y si seguía chupando el muy forro iba a llegarle en la cara y otra vez se iba a quedar con las ganas, pero Jorge tenía otros planes.
- Después de sacarle el pantalón, corrió el asiento, la animó a desnudarse, la colocó mirando hacia el tablero y empezó a pasar su lengua por el culo, a medida que metía el índice y lubricaba, sin dejar de mover la mano, estimuló con la lengua el clítoris y sentía como Inés se excitaba, chupó con desesperación su vagina que parecía abrirse pidiendo a gritos su lengua y cuando las gotas de sudor resbalaban por las tetas las bebió itercalando labios y dientes.
- Inés se dio vuelta apoyándose en el volante, fue muy rápida como para que el pudiera darle alguna otra orden, empezó a cabalgar en su pelvis sin dejar que el la penetrara, no recordaba haber visto antes a una mujer disfrutar de esa manera, como si lo hubiesen pactado al mirarse el sacó un preservativo de la guantera y ella atinó a ponerlo con la boca, pero estaba demasiado excitada para hacerse la experta, así que usó las manos, y por primera vez desde que había subido al auto pronunció palabra.
- Cogeme
- El maravillado por la orden,- siempre había tenido el control con sus mujeres, siempre se había jactado de ser experto, estaba ahí, obedeciendo a esta mina que recién conocía, y a la que encima tenía que pagarle- no pudo resistirse, ella tomó el control total, empujó su pelvis con fuerza haciendo que la penetración fuera brusca y absoluta, el sintió una puntada aguda en los huevos, pero no era el momento de quejarse, ella se había vuelto total y absolutamente incontrolable, y literalmente saltaba sobre su pija haciendo cada penetración más intensa, los gemidos podían sentirse en toda la cochera y el auto se transformó en una coctelera, llena de vapor .
- Inés nunca había gritado, nunca había podido, primero los padres en la pieza de al lado, después la cuna, y Gustavo que tenía la puta costumbre de taparle la boca, en cambio Jorge la animaba a gritar, mordía sus pezones con fuerza, clavaba sus dedos en la espalda, la dejaba tener el control, sentir y coger como desde años soñaba que su marido hacía con cualquiera menos con ella, entonces ella, para Jorge, era cualquiera.
- Jorge intentaba retrasar el final pero Inés no daba posibilidades de menguar la marcha, así que como si importaba susurró voy a acabar, Ella no iba a quejarse, había perdido la cuenta de los orgasmos que había tenido en los últimos 15 minutos, se corrió sin previo aviso, usando sus manos simplemente para comunicar que mandaba ella, arrancó el forro y en el mismo momento en que Jorge eyaculaba, chupó cada gota de Semen con todas sus fuerzas, y tragó como si la leche fuera su fuente de vida en pleno desierto, pudo sentir como el vibraba y ella consumía cada vibración hasta que finalmente Jorge Paró y ella se incorporó en su asiento.
- Era la primera vez que Inés cogía con alguien aparte de Gustavo.
- Empezó a vestirse sin mediar palabra, sin levantar la vista, aunque sentía en cada movimiento la mirada de Jorge.
- El entendió que debía callarse, tampoco era el momento de pensar.
- ¿A donde te llevo?
- Cruza el puente, Dijo Inés.-
- Y a mitad de la calle al fin del otro lado del puente, terminando de prenderse el guardapolvo, después de un tímido chau se bajó del auto.
- Tomá, dijo Jorge, extendiendo $500
- No tengo cambio y eso es el doble dijo Inés
- Te lo dejo como anticipo para mañana , dijo él
- No habrá mañana.
- Tendrás que cruzar el puente alguna vez…
- Este puto puente, dijo simulando una queja, mientras sonreía y guardaba la plata en el bolsillo canguro del guardapolvo donde se leía Señorita Inés.
…relato de Lucrecia Thais
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hace 1 año
Espectacular relato, muy bueno en serio Lucrecia.
Hasta me exite con solo leerlo.
hace 1 año
Gracias! Me alegra que te haya gustado, podès seguir acompañàndonos.-
Un beso.-