INFORME
La (no) industria del cine porno argentino
Acá sí se que se coje
La realización de películas pornográficas en Argentina es una actividad en pleno crecimiento. Con sus entradas y
salidas busca establecerse como un medio de expresión audiovisual más
Por Emiliano Bezus Espinosa y Juan Pablo Manente.
Ilustración Eleonora Galdos.
“En nuestro país no existe la industria del cine pornográfico”. coinciden en señalar Marco Torino, Martín Lukas
y César Jones; los directores actualmente más renombrados del circuito porno según el periodista especializado
Ariel Testori (ver cuadro). “No conozco a ninguna actriz ni actor que logre vivir de esto, aunque pueden existir
casos aislados. Yo sí puedo, pero luego de haber estado dos años instalado en mercado y con un éxito importante
que todavía no es relevante en lo económico – despunta Torino.
Por su lado, Lukas amplía el concepto y afirma: “Son una serie de emprendimientos individuales de pequeñísimas
pymes que tratan de vender algún contenido afuera”. No obstante, el platense Jones es un poco más benévolo, al
otorgarle a la (no) industria “Un estado de fase primaria o larvario”, y agrega que a nivel cuantitativo en los
últimos cinco años hubo un crecimiento mensurable que se puede traducir en datos. Cifras que las distribuidoras
no dan con precisión por el temor de que a la hora de las negociaciones, el panorama sea alentador y las
productoras, en un 75% conformadas únicamente por los mismos directores, se envalentonen e intenten negociar con
precios más altos.
Dinero, quiero dinero
En la Argentina existen tres distribuidoras: Capitol, Buttman Argentina y Talento Natural. La primera es una
productora/distribuidora. La segunda es una compañía local subsidiaria de Buttman Internacional, que compra los
derechos de distribución en DVD y se encarga de comercializarlas en el mercado nacional y en algunos países
limítrofes.
Talento Natural, una especie de productora distribuidora independiente, en determinadas ocasiones produce
ejecutivamente las películas de algunos directores. Esta empresa distribuye los films de Victor Maytland, el
cineasta porno con más trayectoria y reconocimiento por estas tierras.
La compra de un título por parte de una distribuidora varía entre los 3 y 5 mil pesos, adquiriendo así los
derechos totales del mismo. En muchos casos se pagan en varias cuotas con cheques a cobrar en un largo período
de tiempo. Una actriz gana entre $800 y $1500 y un actor no supera el techo de los 500 (depende si cobra por
escena o film completo)
El mercado argentino es pequeño, motivo por el que las productoras focalizan sus ventas al exterior. “Hay
directores a los que se les paga 200 dólares por película para pasarla por televisión en los Estados Unidos.”,
dice Lukas.
Una productora europea puede adquirir los derechos por una determinada cantidad de tiempo o a modo perpetuo,
depende del arreglo; todo por un valor que oscila entre los 500 y 900 euros. Una vez que se compran los
derechos, se los comercializa en su gran mayoría vía web. Los entrevistados concuerdan en que no se puede vivir
exclusivamente de las ventas de las películas en la Argentina. Quienes viven de esto lo hacen con la cesión de
derechos al exterior, y los restantes, llevan adelante diversas actividades laborales relacionadas con la
producción audiovisual.
Una cuestión de actitud
“Para mí el porno es bussines. Si no lo veo como un negocio no me interesa estar, porque no es un ambiente de lo
más gratificante.”, se sincera Martín Lukas.
Lukas tiene 41 años, tiene seis films en su haber e infinidad de escenas filmadas con su productora Sexópolis;
es publicista y comenzó haciendo películas para el canal Venus.
Marco Torino adhiere a la misma posición definiéndose como un oportunista “Lo que produzco actualmente no es
arte. Lo hago porque se vende, pero con todo el respeto que se merece. Yo produzco un entretenimiento, no me
puedo definir como un director”.
Torino sabe de esto, vivió diez años en Los Angeles, allí trabajó como actor porno, además de consumir películas
XXX durante toda su vida. El filma, edita y coordina que los actores estén a horario. Hay quienes creen que el
sexo explícito puede formar parte de un relato…
ALLI UNO YA NO VE RASGOS O ROSTROS HUMANOS. LOS CUERPOS ESTAN COSIFICADOS AL EXTREMO Y YA NI CUERPOS PARECEN
…audiovisual, sin caer en “la mecanización de las propuestas de las producciones mainstream”. César Jones, director nacido en la ciudad de La Plata y recibido de la carrera de Comunicación Audiovisual en la facultad de Bellas Artes; profundiza su postura y teoriza: “Allí uno ya no ve rasgos o rostros humanos. Los cuerpos están cosificados al extremo y ya ni cuerpos parecen. A veces por la obsesión por el plano corto y el tedio que produce, pasan de figurativo a no figurativo. Llega un momento en que la mente de uno lo procesa como una abstracción difícil de desentrañar, no entendés nada”.
Jones le pega al género a la vez que trata de colaborar para reformularlo: “El 90% de la producción pornográfica de acá y del extranjero es completamente desechable. Si hay una dicotomía que mostrar es la del amor por el relato y el desprecio por él; el relato como una figura que está por sobre la calidad argumental”. César, con su grupo realizador Lpsexxx, ha filmado desde el 2001 un total de 11 films.
Con 28 años y graduado como director de cine en Cievyc, Tony Panero también confía en el motor artístico que puede conllevar el realizar películas pornográficas. “Me metí en esto por una necesidad de hacer cine, de ahora en adelante y en la medida que pueda intentaré contar mis historias. Estoy en el porno porque hacer películas hoy en día en la Argentina es imposible para una persona que no tiene contactos fuertes en la industria”, explica. No solo en la dirección el arte del sexo explícito dice presente. Nisim Mbazbaz, actor y taxiboy de 44 años, con participación en 4 películas y decenas de escenas; también cree en la actuación artística que se puede mostrar al penetrar a una mujer. “Ahora actúo, pero me encantaría realizar alguna película”, concluye Mbazbaz, quien no oculta su nombre bajo un seudónimo. Además cuenta que no tiene ningún inconveniente en realizar su performance actoral gratis.
Las actrices en su mayoría son escorts, sin embargo hay muchas que trabajan por puro placer. “Acá a veces vienen minas casadas que les interesa participar, pero en general lo hacen para películas que vendo al exterior: si no, de una manera u otra alguien siempre las termina reconociendo”, relata Torino. Victoria Luna, con más de tres años de experiencia y después de filmar trece películas, señala: “Decidí trabajar en esto un poco por curiosidad, otro poco por trangresora, morbo tal vez, y lógicamente que me gusta el sexo como algo divertido, pero separado de lo afectivo. Y vale aclarar que siempre me apoyó mi pareja en todo, cosa que no siempre es habitual”.
Argentina, país en crecimiento
Aquí se filman dos clases de films pornográficos: los clásicos, con un desarrollo argumental y los denominados “Gonzo”. Estos últimos consisten en meras escenas de sexo con no más de treinta minutos de duración, sin guión previo y en algunos casos únicamente con sonido ambiente.
Filmar una película de este tipo tiene un costo estimado de entre 10 y 15 mil pesos. El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) es el “ente autárquico dependiente de la Secretaría de Cultura del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación”, según reza la Ley de cina 17.741 creada en 1968. Modificada en 2001, la ley explica en su capítulo VII, artículo 26: “EL INSTITUTO NACIONAL DE CINE Y ARTES AUDIOVISUALES subsidiará las películas de largometráje cuando contribuyan al desarrollo de la cinematografía nacional en lo cultural, artístico, técnico e industrial, con exclusión en especial, de aquellas que, apoyándose en temas o situaciones aberrantes o relacionadas con el sexo o las drogas, no atiendan a un objetivo de gravitación positiva para la comunidad”. Explayándose aún más en el artículo 27, dictamina: “Se considerarán películas nacionales de largometraje de interés especial: a) la que ofreciendo suficiente calidad contengan relevantes valores morales, sociales, educativos o nacionales; b) las especialmente destinadas a la infancia; c) las que con un contenido temático de interés suficiente, su resolución alcance indudablemente jerarquía artística”. Obviamente el Incaa no subvenciona bajo ningún punto de vista alguna película realizada en el país que pertenezca al género de la pornografía. Mientras tanto cualquiera puede ver por uno de los canales de aire con mayor rating, a veinte individuos dentro de una casa llena de cámaras que aguardan al momento del acto sexual debajo de las sábanas. No nos olvidemos de los prolíficos desnudos de las bailarinas y cantantes en busca de un sueño o el bastardeo del sexo en cualquier publicación gráfica expuesta a todo transeúnte en el puesto de revistas del barrio.

Acá sí se cojeLa (no) industria del cine porno argentino

La realización de películas pornográficas en Argentina es una actividad en pleno crecimiento. Con sus entradas y salidas busca establecerse como un medio de expresión audiovisual más ”En nuestro país no existe la industria del cine pornográfico”. coinciden en señalar Marco Torino, Martín Lukas y César Jones; los directores actualmente más renombrados del circuito porno según el periodista especializado Ariel Testori. “No conozco a ninguna actriz ni actor que logre vivir de esto, aunque pueden existir casos aislados. Yo sí puedo, pero luego de haber estado dos años instalado en mercado y con un éxito importante que todavía no es relevante en lo económico – despunta Torino.

Por su lado, Lukas amplía el concepto y afirma: “Son una serie de emprendimientos individuales de pequeñísimas pymes que tratan de vender algún contenido afuera”. No obstante, el platense Jones es un poco más benévolo, al otorgarle a la (no) industria “Un estado de fase primaria o larvario”, y agrega que a nivel cuantitativo en los últimos cinco años hubo un crecimiento mensurable que se puede traducir en datos. Cifras que las distribuidoras no dan con precisión por el temor de que a la hora de las negociaciones, el panorama sea alentador y las productoras, en un 75% conformadas únicamente por los mismos directores, se envalentonen e intenten negociar con precios más altos.

Dinero, quiero dinero

En la Argentina existen tres distribuidoras: Capitol, Buttman Argentina y Talento Natural. La primera es una productora/distribuidora. La segunda es una compañía local subsidiaria de Buttman Internacional, que compra los derechos de distribución en DVD y se encarga de comercializarlas en el mercado nacional y en algunos países limítrofes.

Talento Natural, una especie de productora distribuidora independiente, en determinadas ocasiones produce ejecutivamente las películas de algunos directores. Esta empresa distribuye los films de Victor Maytland, el cineasta porno con más trayectoria y reconocimiento por estas tierras.

La compra de un título por parte de una distribuidora varía entre los 3 y 5 mil pesos, adquiriendo así los derechos totales del mismo. En muchos casos se pagan en varias cuotas con cheques a cobrar en un largo período de tiempo. Una actriz gana entre $800 y $1500 y un actor no supera el techo de los 500 (depende si cobra por escena o film completo)

El mercado argentino es pequeño, motivo por el que las productoras focalizan sus ventas al exterior. “Hay directores a los que se les paga 200 dólares por película para pasarla por televisión en los Estados Unidos.”, dice Lukas.

Una productora europea puede adquirir los derechos por una determinada cantidad de tiempo o a modo perpetuo, depende del arreglo; todo por un valor que oscila entre los 500 y 900 euros. Una vez que se compran los derechos, se los comercializa en su gran mayoría vía web. Los entrevistados concuerdan en que no se puede vivir exclusivamente de las ventas de las películas en la Argentina. Quienes viven de esto lo hacen con la cesión de derechos al exterior, y los restantes, llevan adelante diversas actividades laborales relacionadas con la producción audiovisual.

Una cuestión de actitud

“Para mí el porno es bussines. Si no lo veo como un negocio no me interesa estar, porque no es un ambiente de lo más gratificante.”, se sincera Martín Lukas.

Lukas tiene 41 años, tiene seis films en su haber e infinidad de escenas filmadas con su productora Sexópolis; es publicista y comenzó haciendo películas para el canal Venus.

Marco Torino adhiere a la misma posición definiéndose como un oportunista “Lo que produzco actualmente no es arte. Lo hago porque se vende, pero con todo el respeto que se merece. Yo produzco un entretenimiento, no me puedo definir como un director”.

Torino sabe de esto, vivió diez años en Los Angeles, allí trabajó como actor porno, además de consumir películas XXX durante toda su vida. El filma, edita y coordina que los actores estén a horario. Hay quienes creen que el sexo explícito puede formar parte de un relato audiovisual, sin caer en “la mecanización de las propuestas de las producciones mainstream”. César Jones, director nacido en la ciudad de La Plata y recibido de la carrera de Comunicación Audiovisual en la facultad de Bellas Artes; profundiza su postura y teoriza: “Allí uno ya no ve rasgos o rostros humanos. Los cuerpos están cosificados al extremo y ya ni cuerpos parecen. A veces por la obsesión por el plano corto y el tedio que produce, pasan de figurativo a no figurativo. Llega un momento en que la mente de uno lo procesa como una abstracción difícil de desentrañar, no entendés nada”.

Jones le pega al género a la vez que trata de colaborar para reformularlo: “El 90% de la producción pornográfica de acá y del extranjero es completamente desechable. Si hay una dicotomía que mostrar es la del amor por el relato y el desprecio por él; el relato como una figura que está por sobre la calidad argumental”. César, con su grupo realizador Lpsexxx, ha filmado desde el 2001 un total de 11 films.

Con 28 años y graduado como director de cine en Cievyc, Tony Panero también confía en el motor artístico que puede conllevar el realizar películas pornográficas. “Me metí en esto por una necesidad de hacer cine, de ahora en adelante y en la medida que pueda intentaré contar mis historias. Estoy en el porno porque hacer películas hoy en día en la Argentina es imposible para una persona que no tiene contactos fuertes en la industria”, explica. No solo en la dirección el arte del sexo explícito dice presente. Nisim Mbazbaz, actor y taxiboy de 44 años, con participación en 4 películas y decenas de escenas; también cree en la actuación artística que se puede mostrar al penetrar a una mujer. “Ahora actúo, pero me encantaría realizar alguna película”, concluye Mbazbaz, quien no oculta su nombre bajo un seudónimo. Además cuenta que no tiene ningún inconveniente en realizar su performance actoral gratis.

Las actrices en su mayoría son escorts, sin embargo hay muchas que trabajan por puro placer. “Acá a veces vienen minas casadas que les interesa participar, pero en general lo hacen para películas que vendo al exterior: si no, de una manera u otra alguien siempre las termina reconociendo”, relata Torino. Victoria Luna, con más de tres años de experiencia y después de filmar trece películas, señala: “Decidí trabajar en esto un poco por curiosidad, otro poco por trangresora, morbo tal vez, y lógicamente que me gusta el sexo como algo divertido, pero separado de lo afectivo. Y vale aclarar que siempre me apoyó mi pareja en todo, cosa que no siempre es habitual”.

Argentina, país en crecimiento

Aquí se filman dos clases de films pornográficos: los clásicos, con un desarrollo argumental y los denominados “Gonzo”. Estos últimos consisten en meras escenas de sexo con no más de treinta minutos de duración, sin guión previo y en algunos casos únicamente con sonido ambiente.

Filmar una película de este tipo tiene un costo estimado de entre 10 y 15 mil pesos. El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) es el “ente autárquico dependiente de la Secretaría de Cultura del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación”, según reza la Ley de cina 17.741 creada en 1968. Modificada en 2001, la ley explica en su capítulo VII, artículo 26: “EL INSTITUTO NACIONAL DE CINE Y ARTES AUDIOVISUALES subsidiará las películas de largometráje cuando contribuyan al desarrollo de la cinematografía nacional en lo cultural, artístico, técnico e industrial, con exclusión en especial, de aquellas que, apoyándose en temas o situaciones aberrantes o relacionadas con el sexo o las drogas, no atiendan a un objetivo de gravitación positiva para la comunidad”. Explayándose aún más en el artículo 27, dictamina: “Se considerarán películas nacionales de largometraje de interés especial: a) la que ofreciendo suficiente calidad contengan relevantes valores morales, sociales, educativos o nacionales; b) las especialmente destinadas a la infancia; c) las que con un contenido temático de interés suficiente, su resolución alcance indudablemente jerarquía artística”. Obviamente el Incaa no subvenciona bajo ningún punto de vista alguna película realizada en el país que pertenezca al género de la pornografía. Mientras tanto cualquiera puede ver por uno de los canales de aire con mayor rating, a veinte individuos dentro de una casa llena de cámaras que aguardan al momento del acto sexual debajo de las sábanas. No nos olvidemos de los prolíficos desnudos de las bailarinas y cantantes en busca de un sueño o el bastardeo del sexo en cualquier publicación gráfica expuesta a todo transeúnte en el puesto de revistas del barrio.

Entrevista de Emiliano Bezus Espinosa y Juan Pablo Manente

Ilustración de Eleonora Galdós